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SIERRA DE CAZORLA (JAÉN): SENDA DE LOS ESPÍRITUS O CAMINO DE LOS MUERTOS (Ruta noctrna)


DE ESPÍRITUS Y SUPERSTICIONES SERRANAS


Creencias contrarias a la razón tiene la raza humana desde que existe. Determinados entornos tienen el abono para que estas broten y se propaguen velozmente. Lo lamentable es que persistan por los tiempos.

La sierra es uno de esos lugares donde es propicio un caldo de cultivo para supersticiones. La ignorancia de las gentes dedicadas a sobrevivir de su trabajo físico día a día, mezclada con el temor a lo desconocido (terrenal o divino) hizo que el  pavor se apoderara frecuentemente de cortijos y localidades serranas. Desde las más elementales como volver una trébedes, rezos cíclicos o sacar las tenazas de la chimenea a la puerta ante la aparición súbita de una tormenta hasta  el espanto ante la muerte, especialmente si esta era trágica.







Por entonces, la gente salía a la sierra a la aventura. Esta era un lugar de subsistencia en momentos en que escaseaba el trabajo. Caza, leña, plantas, ... eran medios alternativos de llevar algo a casa. A veces se partía con un destino definido pero en ocasiones este era incierto. La mayoría de las veces, la sierra daba lo que se buscaba pero en contadas ocasiones, la sierra se cobraba un precio demasiado elevado. 







Cobrar una pieza de caza empoyetada, una feroz y sorpresiva nevisca, accidentes en la tala de árboles, llevaban a un trágico final pues, aunque solo se cayera herido, si la soledad era la única acompañante era como una condena a muerte anunciada.

La tardanza en el regreso era mal presagio. Los días pasaban y no había noticias del aventurero. Entonces se ponía en marcha un mecanismo pensado y previsto para estas eventualidades, los buscadores de cadáveres.

Con la esperanza perdida en el regreso, solo quedaba encontrar el cuerpo para mitigar la superstición, que el alma del desgraciado no deambulara por esos campos. Para ello, solo había que encontrarlo y darle un digno entierro como la fe mandaba.







La comitiva pues se ponía en marcha al atardecer para no levantar revuelo y si había suerte en la búsqueda, el regreso también se hacía a deshoras con el fin de no alterar la paz de la villa.

Pero las gentes conocían el itinerario que los buscadores de cuerpos seguían. El temor de que las ánimas de los encontrados se hubieran quedado en el camino y se presentaran en cualquier recoveco de la senda hacía que el transito por estos senderos se evitara, especialmente al caer el día.

Así parece que cobró fama, mala fama, un camino bellísimo, de perfecta ejecución en el que lo anecdótico supero con creces a lo cotidiano. La fuerza de la superstición.





Fotografía cortesía del CS El Camino



Más información sobre estas leyendas en :






LA RUTA


La ruta, sin casi dificultad a excepción hecha de los desniveles a salvar, se complica por la nocturnidad.



Partimos de La Iruela, de la curva donde se encuentra la piscina, bajo el castillo y frente al Hotel Spá, parte un sendero que toma rápidamente brío para ganar altura y situarnos por encima de los edificios rápidamente. Si nos detenemos y volvemos podremos contemplar el castillos de la Iruela en todo su esplendor, especialmente si está iluminado.


















Desde la atalaya donde hemos inmortalizado este vestigio del pasado la senda comienza a abrirse claramente, se trata de una senda de piedra una auténtica autovía de las de entonces.






Conforme ascendemos y nos introducimos en el bosque, va anocheciendo y perdiéndose progresivamente la capacidad de fotografiar claramente nuestro deambular, los frontales de algunos que los llevan conectados dirigen la marcha.



Pasamos bajo la Mocha sin percibirlo, solo un paredón rocoso nos limita por la derecha. Encontramos un cruce y tiramos por la izquierda, me dicen que posteriormente volveremos por el de la derecha.













Sin cesar en la subida y con las tinieblas ya echadas nos topamos con la caseta de Rechita, lugar donde descansaremos y aprovecharemos para hacer la foto del grupo antes de que se nos sumen nuevos seres.









Tras las fotografías de rigor, volvemos al camino pero no para seguirlo, sino para abandonarlo unos metros más adelante y bajar a la Fuente Rechita. Toca parada y fonda, reponer fuerzas y complementar de agua los botes.

















Los comentarios y el cachondeo hacen su aparición y no se si por efecto de este o por otro mecanismo, comienzan a plasmarse en la cámara fenómenos extraños.










Tras el repostaje, volvemos al camino y lo continuamos  para comenzar una cansina e interminable ascensión hasta Puerto Borondo. Antes dejaremos el sendero que se desvía a la izquierda y se dirige al Puerto de los Arenales.













Hemos ganado bastante altura y las vistas serían generosas si fuera de día. Aparece la luna y algo deja entrever, corre una agradable brisa y podemos contemplar abajo las lucecitas de Arroyo Frío.














En la subida Paco comienza a dudar si ha dejado la cartera en el coche o se la han birlado los espíritus en Fuente Rechita. Barruntando continua, a lo peor nos toca un paseito a Fuente Rechita después.



Giramos hacia la laguna de la Iruela y algunos sugieren ascender al Banderín (1637 mts), se desestima la idea por no soliviantar al buen hombre que desde allí tiene que vigilar el horizonte en prevención de incendios.



Descendemos y casi llaneamos durante un buen rato en dirección al Puerto del Tejo. Estamos a la altura del cortafuegos que sube desde el Parador “El Adelantado”.






En este punto tomamos el desvío a la derecha para iniciar el descenso continuado hasta el final, si continuáramos a la izquierda tomaríamos dirección a la laguna de Cazorla, Gilillo, Los Rasos, ...



El descenso es en algunos lugares vertiginoso, al menos de noche parece más acusado, especialmente en el tramos que nos conduce directamente a Prado Redondo.



Llegamos a este bonito y apacible lugar aunque el cansancio de la madrugada comienza a hacer mella, no obstante, algunos tiene brío para contar historias malévolas.














Seguimos descendiendo y nos topamos de frente con la Mocha, algunos se acercan para contemplar las vistas que a esta hora deja ver la noche y otros comienzan el zigzagueante descenso hasta contactar con el cruce que mencionábamos al inicio.



Desde ahí ya regresamos de nuevo a donde comenzamos la ruta. Una experiencia más. Es muy recomendable hacer esta ruta diurna para admirar las grandes vistas que a estas horas hemos perdido.






Para despedida, los amigos del CS El camino, como están en todos los detalles, nos obsequiaron con pastelitos de Beas, que a esa hora supieron a ánima, pero bendita.



Por cierto, los espíritus fueron benévolos con Paco y la cartera estaba donde debía estar.




EL VIDEO







DATOS TÉCNICOS


Denominación
SENDERO DE LOS ESPÍRITUS O CAMINO DE LOS MUERTOS
Fecha
07/07/2012.
Itinerario
La Iruela - Fuente Rechita - Laguna de la Iruela - Puerto del Tejo - Prado Redondo - La Iruela
Acceso
La Iruela, sendero que comienza frente al Hotel Spa junto a la piscina.
Inicio
La Iruela
Fin
La Iruela
Tipo de trayecto
Circular
Tipo de firme
Senda 
Estación
Primavera/Otoño/Invierno/ Verano evitando las horas centrales
Distancia
13,52 kmts
Dificultad
Moderada
Tiempo estimado
5 horas 30 minutos  
Cota mínima
877 mts
Cota máxima
1562 mts
Desnivel acumulado
Subiendo: 767 mts.    Bajando: 767 mts.
Sugerencias
Agua en Fuente Rechita, a poco de iniciar la ruta. Al final, en Prado Redondo hay un tornajo pero lo vimos seco. Visitar la Mocha si se va con tiempo de sobra, buen mirador. Evitar las horas centrales del día, especialmente en el estio. No abandonar basura. No encender fuego. 
Track
Movil
Cobertura Movistar en casi todo el recorrido. 
Mapa
Bibliografía
Ruta guiada por el Club de senderismo El Camino de Beas de Segura

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