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SIERRA DE LAS VILLAS (JAÉN): CUENCA DE ARROYO CHILLAR



ARROYO CHILLAR, ARROYO DE VIDA




Esta entrada, una de las que más cariño le pongo, 
se la dedico a los serranos de entonces, 
los que trazaron las sendas que hoy podemos recorrer, 
y a los serranos de hoy, 
que las mantienen vivas y permiten transitarlas. 
Gracias Manuel, entre otros.









En plena Sierra de las Villas, relegado a un segundo plano por la fuerte personalidad de los llamados Aguascebas, nace y sucumbe el arroyo Chillar, en adelante lo llamaré royo Chillar porque fue así como lo llamaron ellos, los que nacieron, vivieron y murieron con él, los que lo mimaron y aprovecharon sus aguas permanentes y constantes para vivir en un lugar peliagudo y arriscado.



Morrones alto (cerro de Santa María) , bajo, solana y barranco de royo Cucharas,
una de las fuentes del Chillar



Fue por tanto el royo y su flujo el que convirtió esta cuenca, esta gran solana, en un lugar de vida, en uno de los territorios más humanizados de esta difícil sierra. De ello dan fe los numerosos vestigios, cortijos y tapuelas existentes, algunos de porte señorial para los tiempos que andaban...



cortijo de Agua los Perros



otros, sencillos y humildes, destinados a dar básicamente cobijo y calor en los momentos necesarios



humilde cortijo de Amador



cortijos empoyetados muchos de ellos, de difícil acceso, pero con amplias y esplendidas vistas desde su modesto porche o su era, aún presentes



cortijo del Puntal y el Puntal de la escalera en primer término, al fondo los morrones



hundidos otros junto al cauce del royo, aprovechando pequeños huertos, peazos arañados al monte y estabilizados con paratas delatoras aún de que ellos estuvieron por aquí.



ruinas del cortijo-molino del Cuco



No he encontrado nadie en mi trasiego, tan solo al pastor del Ojuelo que por temporadas sigue ocupando el cortijo nuevo, el que hay en el collado, porque el viejo, pura ruina, lo tienen para encerrar ganado.



CUENCA DEL CHILLAR



El Chillar, un corto afluente del Gran Río, de los primeros en entregarle sus aguas tras el freno que le imponen en el Tranco, aporta en sus apenas ocho kilómetros de cuenca una gran riqueza natural. Desde su comienzo allí por los collados de los morrones de Santa María y del Ojuelo y por los Tableros y el Hoyo y la lancha del Cagadero y las Correderas hasta su desembocadura generando una serie de rápidos apreciados por aquellos que se tiran en canoa desde el puente de los Agustines, conforma una cuenca singular, que a efectos prácticos, solo para lo que aquí nos interesa y sin pretensiones científicas, voy a dividirla en alta, media y baja.



mapa con las tres zonas de la cuenca del Chillar.
En rojo la cuenca alta, azul la media y verde la cuenca baja





1. Cuenca baja


En diferentes ocasiones he recorrido parcialmente la cuenca baja desde el puente Rompecalzas, allá por la venta de Melquíades o del Cardaor, desde el mirador que hicieron y llamaron del Tobón, a pie de la carretera que lleva de Villanueva del Arzobispo al Tranco y permite divisar el amplio valle de Chincolla.


puente Rompecalzas o de la Venta de Melquiades o del Cardaor

Un cómodo camino nos mete y asciende por el margen izquierdo orográfico hasta el cortijo del Tamborcillo. Allí empieza a complicarse, tiene que venirse para el Guadalquivir porque se topa con la Lancha del Pueblo y el macizo de los Altos del Chillar. A pesar de ello, es posible introducirse un buen tramo en lo más abrupto de su cañón por una sendilla que parte de este Tamborcillo definida por una antigua acequia, ahora goma negra de esas que inundan nuestro olivares, incluso tal vez sea posible llegar hasta el final del barranco allá por donde lo de los Riberas, yo no lo logré al encontrar deslizamientos de la ladera.



acequia en el cañón del Chillar, por debajo de lo de los Riberas

También desde el Tamborcillo es posible alcanzar la cumbre de esa agreste Lancha del Pueblo por una senda medio perdida, de gran pendiente y difícil de andar que parte de un bidón regulador del caudal en el camino de la acequia que se introduce en el cañón. Finalmente, desde el Tamborcillo , por detrás de la casa, podemos descender por un senderillo ya casi perdida hasta un vado y cruzar el Chillar a la altura del cortijo de la Grilla.



cortijo de la Grilla en primer término, al fondo el de los sesteros bajos o de "matojo"

La mujer que lo habitaba, Ramona, según me contaron, se dedicaba además de sus propios quehaceres que no eran pocos y de sol a sol, a ayudar esporádicamente en tareas de lavado de sábanas y mantas por los diversos cortijos de la zona a cambio de algo de viandas y pago en especies (preferentemente ajo harina con niscalos o andrajos). Cuentan que se había luxado o fracturado ambas rodillas al caer de una burra, resuelta espontáneamente en domicilio como sucedía habitualmente quedándole visibles torterones pero, aparentemente, con poco impedimento funcional.

Un poco más arriba un buen cortijo, el de los Sesteros de abajo aún en pie, conservado y habitado por temporadas. El de arriba ya una pura ruina, semioculto por la frondosa vegetación que crece por esta umbría de los Sesteros (de Aguilar para los mapas) que cae desde el Topaero y la loma de la Be.


cortijo de los Sesteros de abajo desde la zona del Tamborcillo



cortijo de los Sesteros de abajo desde su carril de acceso

Desde este paraje de los Sesteros es posible alcanzar la pista forestal hacia los Vadillos por una senda ascendente que se mete por la margen derecha del cañón del Chillar, bastante enmatojada en la actualidad, alcanzando un olivar y desde este la pista.


cañón del Chillar. arriba la lancha Agua de los Perros y, a la derecha, el cortijo de los Riberas

Es por aquí donde más se escucha CHILLAR a este royo Desde el cortijo de los Riberas en el altozano baja chillando y chillando, encajonado por el abrupto y bonito cañón de verticales paredes y covachones. Tal vez por eso lo llamaron así,...


Cañón del Chillar, a la izquierda el cortijo de los Riberas



acantilados que conforman este impresionante cañón labrado por el Chillar




2. Cuenca media


La cuenca media que hemos andorreado es la de la calma, aunque sus tributarios se derramen y retuerzan por angostos y torcidos barrancos. Consideraré como cuenca media la comprendida desde los vadillos del Chillar hasta la hermosa cerrá y pasá del Cuco. En algún lugar he leído que a este tramo se le conocía como Aguascebas del paso del Cuco. A tenor de esto y pendiente de poder contrastarlo con alguna otra fuente, nos dejaría claro que hablaríamos de royo Chillar propiamente dicho a partir de los Vadillos y hasta su desagüe en el Guadalquivir tras recibir los últimos aportes relevantes, es decir, la porción coincidente con la cuenca baja.

Sus tributarios por la izquierda son los arroyos del camino del Chindo y el de la Peraleja y el de Agua de los perros por la derecha. El primero y el tercero dan nombre al lugar donde se juntan al Chillar: los Vadillos del Chillar. Desde aquí el curso de nuestro protagonista se acelera para desparramarse por el cañón anteriormente descrito a la altura del cortijo de los Riberas. Aquí, en los vadillos construyeron dos bonitos cortijos aún en funcionamiento junto al vadillo que hay del lado del camino del Chindo.


Cortijos de los vadillos del Chillar


El royo del camino del Chindo nace arriba, por donde los Cotreras tenían huertos, cerca del collado del mismo nombre a pie del camino del Tranco de las Correderas. Recoge agua estacional de la vertiente que le cae de la lancha del Cagadero y de las Correderas, la del tornajo de los Contreras no pues se la llevan con una goma a la otra vertiente del Gran Río. De ahí baja acompañando al camino, primero suavemente y, tras el estrecho, con más alegría. El otro que conforma estos Vadillos viene desde bien arriba, desde la Albarda. El arroyo de Agua de los perros en su breve trecho, apenas 2 kilómetros, se descuelga desde los 1350 mts de la Albarda hasta los apenas 1000 mts de los Vadillos. Recorre ese buen cortijo que hay arriba y la tapuela del Pequeño. Aunque sus orígenes son estaciónales, la fuente que mana constante a pie de carretera y alguna más le aporta un constante flujo; más abajo se despeña por una cerrada que puede ser bonita de descubrir junto a la cueva agua de los perros, llamada del Romeral en algunos mapas. En tiempos esta cerrá era transitable por las gentes que allí vivían, me faltó un pelín para completarla pero las zarzas y la maleza se opusieron. El tercero, royo de la Peraleja, baja del collado del Chindo y de la lancha del Cagadero directamente por la ladera del Chillar, para unirse a este anunciando la proximidad de lo del Cuco. En el centro de todo, el Chillar o Aguacebas del paso del Cuco marcha parsimonioso, como preparándose para lanzarse a lo loco por la montaña rusa de su barranco, desde la cerrá del Cuco hasta los Vadillos una delicia de paseo para cualquier época del año.


royo Chillar en su zona media, tranquilo y remansado, por los Vadillos



3. Cuenca Alta


La cuenca alta tiene dos partes bien diferenciadas. Una, la más conocida por estar junto a la carretera, y otra selvática, abandonada, por redescubrir. La primera comprende los cauces de royo del Hoyo que nace allá por los Tableros y por ese depósito inagotable que es el Caballo del Torraso, se descuelga por el terreno para alcanzar, ya en la cañada, a su compañero, el royo del Ojuelo. Este, más estacional y tacaño en cuanto al aporte hídrico baja casi desde el mismo collado, de allí donde está el tornajo y el cortijo nuevo del pastor que lo ocupa por temporadas y, sin dilación busca el alivio de su colega, no sin antes ofrecerse a los cortijos del Ojuelo antiguo (Sopalmo Alto) y al de Casparra (Sopalmo bajo). Fluyen remansadamente por los peazos que hay debajo de los cortijos del morro para meterse de lleno en la encantadora cerrá del Cuco. Y no estarán solos, allí los espera por la derecha el royo de Carrales que tras brotar, como no, de las entrañas del mismo Caballo por veneros y por el bonito tornajo que da vida a los noguerones de Carralillos, fluye a ese barranco de Carrales donde la casa forestal y los cortijos de Carrales y la Lancha se benefician de su vida.

Ya estamos en el corazón, en el meollo de este espacio que hemos delimitado virtualmente: la maravillosa cerrá del Cuco.



Cerrá del Cuco. Por arriba, el royo de Carrales se derrama
sobre los de el Hoyo y Ojuelo que ya vienen unidos



Un lugar soberbio porque aquí trazaron en un palmo un lugar de paso, de necesaria comunicación, de ahí que más que hablar de cerrá (que lo es orográficamente) debemos hablar de pasá, acepción más antropológica y que, sin desmerecer a la primera, me parece más acertada para la ocasión. Si nos situamos debajo, donde la cerrá ya se resuelve, podemos hacernos a la idea y admirar la auténtica dimensión de este coqueto rincón. Me refiero donde se encuentra la cascada y el charcón que origina bajo ese peñón que con su musgo perpetuo a mi siempre me ha recordado a la cara de un índio (la percepción humana es rica y la contemplación del ñusco puede ocasionar diversidad de visiones).





Desde aquí casi podemos intuir como se va dotando este royo. Los arroyos del Hoyo y del Ojuelo vienen ya unidos y por la derecha mediante una pequeña cascada se desploma sobre ellos el de Carrales, ya los tres juntos conforman la cascada mayor (la del indio). Por encima, la bonita pasá que labraron en apenas un metro de ancho y a la que se asciende mediante una tonga.



refuerzos para la pasá del Cuco


La segunda parte de esta cuenca, más oculta, abrupta y salvaje es la delimitada por el barranco de royo Cucharas. Desde el collado de los morrones de Santa María se descuelga este royo hasta unos metros más debajo de la cerrá del Cuco para entregarse al Chillar. En su cabecera, debajo del morrón grande, justo donde se empina la cuesta Juliana hicieron el cortijo Terrones, un lugar privilegiado donde colocaron dos cortijos y sus cuadras.


gran chopo de cortijo Terrones. Cuando está "encendido" en otoño
delata la posición de este escondido cortijo


Curiosamente creo que en este cortijo de Terrones he encontrado el chopo que el pasado otoño tanto me llamó la atención desde Carrales, bajo el morrón alto de Santa María.


morrón o cerro de Santa María. Debajo el chopo de cortijo Terrones desde Carrales


Abajo, junto al royo, las huelgas, una sucesión de huertos donde las nogueras sobrevivientes atesoran un pasado de vida. Curso abajo, medio escondido por los pinos que plantaron cuando ellos se fueron está el otro cortijillo, lo he visto descrito como el de royo cucharas, el de Terrones de abajo y como el cortijo del Tío cucharas. Tres paredes quedan de lo que fue. A partir de aquí el royo comienza a conformar una curva a derechas buscando la pasá del Cuco para precipitarse con más brío sobre el Chillar. Allí cerca se alza uno de los cortijos más bonitos que yo he visto por estas sierras, el del Tío Luciano.


cortijo del tío Luciano


Hermoso, dos plantas, vistoso, se aprecia desde casi todos los puntos de esta cuenca y con una panorámica envidiable en un amplio morrete que dio para huertos regados por una buena fuente a tenor de los chortales que encontré y tuve que atravesar para llegar hasta él. Dentro, aún vestigios de los trojes para el grano en el piso superior y la chimenea con su repisa conservada y la pared de azul, ese azul presente en las casas que se pretendían enlujar un poco.






Sin duda, da para mucho esta cuenca del Chillar. Da para admirar la orografía en una escueta pero completa y diversa cuenca. Da para entusiasmarse y recorrer restos de la arquitectura que ellos nos dejaron, cortijos, pegueras, escaleras, trancos, caleras, paratas, ... y una pasá primorosa. Da para disfrutar con las sendas que abrieron, una completa red de comunicaciones en un palmo de terreno, sendas de largo recorrido como la de los albardanos o la de cucharas, sendas de piedra aún reconocibles y sendicas humildes para trochar de cortijo en cortijo.

Solo espero que quién visite y recorra el lugar y le guste, lo cuente bien alto, para que el humilde legado que nos dejaron perdure.








Nota: Algunos topónimos mencionados, aunque existen, pueden estar localizados de manera inexacta. Los numerosos errores en los mapas manejados me hacen dudar en algunos casos, aunque al día de hoy es como tengo configurada la zona que he recorrido. Progresivamente confirmaré tratando de contrastar lo aquí expuesto, rectificando lo erróneo. Abierto queda para los comentarios pertinentes.

4 comentarios:

Juan D. Salgareño dijo...

Preciosa y completa descripción de la compleja pequeña y muy variada cuenca del Chillar.

yo también he oido que lo llamen Aguascebas de Chillar

Galeno MaM dijo...

Como siempre, agradecido por tu amable comentario. Es verdad que para lo corto de esta cuenca, es muy variada. No extraña que se empleara para este el término Aguascebas ya que además de ser un hidrónimo extendido en las Villas, su significado, río de cauce corto y torrencial, se ajusta a su realidad (como al de los otros Aguascebas). Saludos.
P.D. Completamos por fin el barranco del Bigarral, aún no he podido editar la ruta. Fue útil tu descripción del foro piedra sobre piedra, aunque nosotros tomamos dirección al cortijo para enlazar con la senda de la cuesta de Navazalto de nuevo, a la altura del collado de los picazos.

Juan Carlos Gutiérrez López dijo...

Muy buena ruta y descripción de la Cuenca del Chillar.no la conozco pero poco a poco iremos completando estas rutas, gracias a vosotros que compartir.Un saludo.

Galeno MaM dijo...

Gracias Juan Carlos, espero que esto te vaya animando a conocer las Villas, abrupta, escarpada pero tambien fuertemente humanizada como demuestra esta cuenca del Chillar.
Un abrazo