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SIERRA DE LAS VILLAS (JAÉN): CUEVA BUENA POR LA VIEJA SENDA DE ARROYO MARIA



HISTORIA EN LAS CUMBRES


Subir a CUEVA BUENA es un viaje en el tiempo. Subir a CUEVA BUENA es también un viaje en el espacio.


CORTIJO DE CUEVA BUENA


Quienes la encontraron y allí se instalaron sabían que su vida no sería fácil, que en lugares como aquél, ganarle algo a la tierra sería un milagro. Cortadas laderas, profundos barrancos, poyos donde difícilmente se guarda la verticalidad y,sin embargo, ellos creyeron en el lugar, o tal vez no tenían más remedio que creer, tal vez no tenían otro lugar.


Cueva Buena (ladera S-SW)


El caso es que la llamaron CUEVA BUENA, porque es buena de verdad. Encarada al S-SW, al sol de la tarde, y resguardada de las ventiscas del N, en un lugar en que el aire es dueño absoluto del contorno. CUEVA BUENA es una oquedad bien recogida donde cabe un numeroso hato de ganado que entonces daba para mucho, ciento y pico de cabras metían allí.


Cueva Buena (interior)


Pues sobrevivieron y hasta prosperaron. Sobrevivieron como se hacía en la sierra, con el rebaño que fue creciendo, y con poca siembra porque por allí poca agua había. Y tuvieron que acostumbrarse a la soledad del entorno, a la música del viento y al techo de estrellas bien cercano, a brutales tormentas y a caminar distancias para relacionarse con los vecinos más cercanos, los de Prao Chortales, tía Marcela, tío Juan José, tía Silvina, Julio, Lorenzo,... también con los del Tornajuelo y hasta con los del Tosero. Con la “melonera” del Gollizno y, como no, con los de los cortijos de la ermita de la Hoz. Allí, en la Hoz vivía la hermana de tía Gregoria, la tía Josefa, casada con el tío Juanete que fue a morir, cosas de la vida, en Cueva Buena.


paraje de Prao Chortales


CUEVA BUENA es también un cortijo, la casa que construyeron después al abrigo del peñón que cobija a la cueva, en realidad eran dos cortijos, uno para cada hermano, Gregoria e Higinio, separados por el horno compartido.


cortijo de Cueva Buena


Pues subir a CUEVA BUENA es también un viaje en el espacio, desde el río, desde el puente de los Agustines, molino aceitero de los García Franco hay que transportarse más de seiscientos metros de altitud en apenas cinco kilómetros de senda que serpentea por poyos y lastras y que ponen a prueba el físico, el equilibrio y la capacidad de asombro de cada uno al ganarle altura al cañón de royo María primero y al del río Grande más tarde. Por allí subían y bajaban con sus mulos, cuando la senda estaba impecable porque ellos la arreglaban cada vez que pasaban, la necesitaban imperiosamente. La vieja senda de Cueva Buena también la usaban los de Prao Chortales porque era mejor de andar que la suya, la que viene más derecha embarrancada en royo María, sobre todo si llevaban animales.


ultimos tramos del barranco del Guadalquivir desde Cueva Buena.
Abajo la carretera del Tranco de donde procedemos.


Subir a CUEVA BUENA es poner a prueba la verticalidad por esos poyos de Andaragasca (andar-a-gascas o a gatas) donde tenían un puñado de olivas para el aceite del año. Y también encarar la impresionante cuesta del Palancar y rozar Cueva Camarilla y asomarse a la Veleta, picacho despampanante que se alza sobre el charco del aceite y mirador exquisito sobre la junta de royo María con el Grande, enfrente la grandiosa Cañada de los Caballeros y sus cascadas cuando es tiempo y salen.


cañón del Guadalquivir por la junta con royo María


cascadas de los Caballeros junto a la cueva del ermitaño


Subir a CUEVA BUENA supone igualmente tomar conciencia de lo que el fuego se llevó en un plis plas, las laderas descarnadas muestran el dolor y la desolación de la tierra al perder su manto protector que, unido a las inmensas e interminables pistas que construyeron para la limpieza de la zona, acabaron con las viejas sendas y perfilan un estremecedor panorama.





Allí subiremos, a CUEVA BUENA, despacito, sin prisas, resollando lo preciso pero abriendo bien los ojos ante tanta belleza comprimida en tan poco terreno. El cortijo está en el mismo collado. Por la puerta pasaba la senda que subía y bajaba de las Cañaillas, la que les permitía ir al Tranco, mala cuesta esa.





Si te sientas unos minutos y escuchas el aire, que allí hay mucho y limpio, seguramente puedes oírlos. A María, la niña, jugando con sus hermanos y con sus primos, los de tío Higinio. Y a Gregoria, su madre disponiéndole faenas, abriendo Cueva Buena para que saliera mansamente el rebaño precedido de los chotillos blincando cuesta arriba para el collado del aire y otras veces para el poyo de las culebras donde tenían en ocasiones que lavar cuando no había agua suficiente en su fuente. Meterio con su merienda, arriba y abajo por aquellos riscales contando las cabras para que no se perdieran. Y a la noche, otra vez a cueva Buena, a dormir calenticas, y así un día y otro. De vez en cuando a Prao Chortales de visita, o a ayudar a sacar las habichuelas. Otras veces a la Hoz a ver a tía Josefa. Y así pasaron la vida en CUEVA BUENA donde lo dieron todo, hasta que Gregoria enfermó y murió y Fermín, el padre, decidió cambiar de aires, los buenos aires de las cumbres por el rugido del Chillar, la cueva que los amparó por el río gritón, los poyos de andar-a-gascas por la umbría de la loma de la Be. Y se mudaron a los Sesteros dejando media vida en las cumbres.


LA RUTA



Aunque podemos llegar a Cueva Buena por varios itinerarios, en esta ocasión comenzamos en el puente de los Agustines, antigua encrucijada olivarera al estar ubicado el molino aceitero de los García Franco, al pie del camino de El Tranco, el viejo y bonito camino que subía por la cerrada que labró el río Grande para salir de la sierra. Allí, donde un MERMECINO o mejor melmecino se convirtió en protagonista marcando por derecho el lugar, podemos tomar agua en su fuente e iniciar nuestro periplo. También podríamos comenzar un kilómetro más arriba, donde la carretera cruza royo María para brincar el Palancar, pero nos perderíamos un tramo fundamental, una ribera exuberante de vegetación, la confluencia de royo Martín con royo María, unos deliciosos mil metros que solo andando podemos disfrutar como corresponde.


kiosko el mermecino, junto al puente y almazara de los Agustines o García Franco


Cruzamos el puente que arreglaron cuando hicieron la carretera transversal, una antigua barrera alzada nos recuerda que en este lugar se situaba uno de los controles de entrada y salida, el otro en el paraje de los Vilchetes, al otro extremo de la sierra. Junto a la barrera hay un panel de obra que indica el trazado de la carretera y sus lugares más significativos, desgraciadamente en un deplorable estado de conservación y amenaza de desplome. Unos metros delante, por la derecha sale un camino, carril olivarero que acompaña al río Grande por su ribera izquierda, nos lleva hasta la Venta del Pino y hasta el puente de la Gorda si nos lo proponemos. Por aquí han trazado parte de la 6ª etapa del GR Bosques del Sur, la que va desde la hoya de los Trevejiles hasta la fuente de los Cerezos y que otro día recorreremos.



puente de los Agustines, una de los accesos a la sierra de las Villas


El cantar de royo María, de caudal constante nos ayuda a remontar las primeras rampas. Pronto, por la izquierda advertimos una obra forestal, una de esas antiguas tomas de agua que hicieron para los incendios, es la acequia que viene de royo Martín, la que hicieron para mover el molino aceitero de más abajo. Por encima de la toma de agua, la acequia cruza la carretera y se cuela por el surco de royo Martín arriba. Disfrutando con el agua, las sombras que aquí se forman y lo encajonado del camino, nos situamos en el puente de royo María, donde una cerrada curva a derechas nos anuncia la cuesta de los Palancares. Dejaremos el asfalto en este punto para meternos por un rodal que sube acompañando al arroyo, pegado a este hasta el muro de un pequeño embalse que le hicieron para retenerlo y prevenir avenidas. Trepamos al muro por unos escalones y allí es donde ahora se toma la senda vieja.


acequia que cruza royo María proveniente de royo Matín que se dirige a la almazara


Y tenemos que estar bien atentos a su arranque para coger el bueno ya que existen varias trochas de animales y de personas que no han encontrado el inicio. Desde el mismo arroyo arranca fuertemente zigzagueando, separándose de este y ganando altura rápidamente. Busca la pared que cae de los poyos que luego andaremos, se va unas veces para la derecha y otras, tras un giro brusco, para la izquierda hasta que se topa con la pared de la que hablábamos y ya no puede subir más, tomando dirección contraria al caudal del arroyo hasta que sale de la cerrada, abriéndose una amplia panorámica del barranco de este juguetón royo María.


refuerzo en la senda de Cueva Buena


senda de cueva Buena saliendo la bifurcación de cueva fría


barranco de royo María


En este tramo una bonita cascada y algunos saltos más podemos disfrutar. Estamos en el conocido paraje de cueva fría, esta se encuentra en la otra orilla del río, enfrente de nuestra posición, oculta por un tupido zarzal. Aquí la senda se bifurca, un ramal sigue de frente, acompañando primero al arroyo para abandonarlo más adelante y remontar por sitios complicados hasta Prao Chortales. El otro, se va para la izquierda encajonándose primero en el barranco y remontando con brío hasta unos inclinados poyos.


cascada del arroyo de las culebras


cueva fría


Llegar hasta aquí y contemplar lo que nuestro ojos puedan abarcar es ya un hito. Desde Cueva Fría, la senda se encuentra bastante irreconocible, debiendo tener experiencia y paciencia para averiguar el trazado original y no salirse del mismo, los efectos del incendio y el monte bajo crecido con posterioridad han tenido un efecto de borrado sobre la ya tenue senda existente.


senda de cueva buena por los poyos de andaragasca





Tras cruzar los difíciles poyos de andaragasca  sabremos que llevamos buen camino al toparnos con un olivar, descuidado, sin arreglar desde hace muchos años. Lo cruzaremos en su totalidad y, donde se encuentra el último pie debemos buscar bien la senda para dar con ella, pues aquí remonta por la derecha.


olivar de los poyos de andaragasca


No obstante podemos desviarnos brevemente y continuar en la dirección que llevábamos para ganar el puntal de la Veleta (lo que nos costará aproximadamente una hora entre ida y vuelta), ese que claramente nos señala la ubicación del charco del aceite, desde ese gran volaero tendremos una vistas inmejorables del valle del Guadalquivir saliendo de la angostura a la que aquí se ve sometido. Igualmente tendremos unas vistas de privilegio de las cascadas de los caballeros (si estamos en época de lluvias) y de la impresionante cuesta del palancar que nos introduce cómodamente en la sierra mediante vaivenes a derecha e izquierda.  




cuesta del palancar


puntal de la veleta


caseta de fogoneros de la risca del Quijarrón o Guijarrón


Desde este punto, si nos giramos, podemos intuir a donde nos llevará la senda que tendremos que buscar donde la dejamos en el olivar, la pared que cae a plomo frente a nosotros. Así pues, manos a la obra y regresamos al olivar para buscar el arranque de la senda que nos eleve hasta la base del farallón que tenemos frente a nosotros. A duras penas y si logramos encontrar las trazas, esta nos llevará a caballo por la loma hasta que alcanzamos la parte más alta donde se hace más visible y nítida, perfectamente reconocible viniéndose para la izquierda queriendo rodear el paredón que nos corta el paso.


buscando la traza de la senda por el olivar


loma por donde asciende la senda prácticamente perdida


Entonces será cuando tengamos una grata sorpresa, el encuentro con las cuevas Camarilla, unos preciosos abrigos en la roca por los que podremos transitar increíblemente por un buen rodal.











Entretenidos con el paisaje, pronto percibimos la pista que hicieron tras el incendio para los trabajos forestales, bueno una de ellas, la inferior, y a ella nos dirigiremos acercándonos al arroyo que baja de cueva buena tras dejar Camarilla.





Cruzaremos la pista e intentaremos volver a intuir el trazado de la senda, no es fácil pero si alzamos la vista hacia arriba y a la izquierda, distinguiremos el objetivo, nuestra cueva buena y, por tanto, nos servirá de referencia para intuir su dirección. Un poco más adelante, cuando se viene para la izquierda y remonta bravamente, es cuando se hace más reconocible por la piedra suelta delatora de su pavimento en la cuesta.



salida a la pista, enfrente el barranco que hay que subir para llegar a Cueva Buena










arriba Cueva Buena


En nada nos topamos con esta bonita y coqueta cueva que dio nombre al paraje, al collado, al cortijo y a la senda por la que se le accede, comprobando cuanta razón tiene el nombre que le pusieron. Todavía tiene las paredes negras de las fogatas y los cercados de piedra para que los animales no se salieran.

















Por la derecha, un rodal nos indica que es por donde debemos seguir, en nada pasando por algunos peazos estamos en la pista, la del nivel superior, la que hicieron sobre la vieja senda que subía desde el Tranco, por las Cañaillas a Prao Chortales. Allí está lo que fue la casa, aún se adivina su composición, en pleno collado.





Estamos casi en las cumbres de la que vinieron a llamar sierra de las Lagunillas, solo algunas lomas escarpadas nos separan de la cuerda, el día no está para florituras así que convenimos continuar con lo previsto, continuar por este tobogán de pista que por los poyos de las culebras alcanza la cortijada de Prao Chortales.








Llegando a Prao Chortales


Por la zona tenemos una pendiente, averiguar el trazado de la senda que subía a la cumbre para volcar a las Lagunillas. Esa senda debe estar casi invisible ya que la zona escarpada y los efectos del incendio deben haber dejado poco rastro de ella. (Cuando realizamos la ruta, esa era la situación, en la actualidad parte del recorrido de esa senda fue desvelada por el amigo Pepe Cabrera que recientemente anduvo por la zona investigándola).





Nos detenemos poco en las seis o siete casas que formaban el caserío.





Avanzamos por la pista a buen paso porque se nos echan encima las nubes. Aún nos da tiempo a comer allí donde royo María ve sus primeras luces por lo del cortijo del Tejuelo.





Quería haber repasado la zona, creo que por allí hay una antigua peguera, pero otro día será pues una fina e incesante aguachirri empieza a empaparnos, lo que nos obliga a dar el arreón, nos perdemos el impresionante barranco de royo María desde arriba.













En poco tiempo nos colocamos en la lancha del Tosero que atravesamos sin la posibilidad de levantar la vista ni de hacer una fotografía. Salimos por el portillo N para tomar el jorro que nos baja al inicio de la pista de la Albarda, justo en el momento en que comienza a escampar.





Nos queda bajar el palancar trazando su serpenteante carretera, aliviada de vez en cuando con alguna trocha, mientras bajamos los frailes nubosos se van quedando atrapados en las riscas.








Llegamos al puente de royo María y solo nos queda recorrer el atrapador kilómetro que queda hasta el puente de los Agustines sobre el río Grande donde hacemos recuento de los pormenores de esta gran ruta que nos ha elevado a lo más alto de las cumbres.









VÍDEO







DATOS TÉCNICOS

Denominación
CUMBRES DE CUEVA BUENA POR LA VIEJA SENDA
Fecha
25 /03/2013
Itinerario
Puente de los Agustines - royo María - cueva fría - poyo de Andaragasca - cueva Camarilla - cueva Buena - Prao Chortales - cortijo del Tejuelo - lancha del Tosero - pista de la Albarda - cuesta del Palancar - puente de los Agustines
Acceso
Carretera de Villanueva del Arzobispo al Tranco, aproximadamente en el PK 20, junto al charco del aceite.
Inicio
Puente de los Agustines
Fin
Puente de los Agustines
Tipo de trayecto
Circular
Tipo de firme
Sendero, jorro y pista
Estación
Primavera/Otoño/Invierno 
Distancia
 22,68 kmts   
Dificultad
 Dificil 
Tiempo  estimado
 9 horas   
Cota mínima
 503 mts  
Cota máxima
 1.343 mts
Desnivel acumulado
Subiendo: 1.158 mts.    Bajando: 1.158 mts.
Perfil

Sugerencias
Evitar el tramo alto de la senda si se tiene poca experiencia en montaña, es muy facil perder la traza.
Mapa


Track
Movil
Cobertura Movistar en la lancha del Tosero
Mapa

Foro
La RUTA en el FORO TURISMO EN CAZORLA
Referencias
  • Testimonios y experiencia personal
  • El gran libro de la Sierra de las Villas. Gómez Muñoz J


1 comentario:

Juan Carlos Gutiérrez López dijo...

Preciosas vistas esconde esa parte de la sierra desconocida para mí.Saludos.